El misterio de Zorobabel y la CDMX

EL MISTERIO DE ZOROBABEL Y LA CIUDAD DE MÉXICO
Mensaje destinado a todos, especialmente a los Maestros de la Orden.
Por Octavio Casa-Madrid

Entre los diversos misterios venerados por la Orden Francmasónica, es de la mayor importancia el mensaje de Zorobabel, nada menos que el destinado a reconstruir el Templo de la Sabiduría. 


Zorobabel (en hebreo, זְרֻבָּבֶל‎, Zərubbāvel; griego: ζοροβαβελ, Zŏrobabel) nieto de Joaquín y líder de los hebreos exiliados logró el retorno desde Babilonia.
Según los apologtas del Nuevo Testamento habría sido uno de los antepasados de Jesús. En el reinado de Ciro, condujo el primer grupo del pueblo hebreo (42.360 personas según la Biblia) que regresaron a Judá después del cautiverio babilónico, fue, también, quien puso los cimientos del Segundo templo en Jerusalén. 


Según el historiador musulmán Ya’qubi, Zorobabel recuperó la Torá y los libros de los Profetas, hecho que según algunos se atribuye a Esdras.


Sea como fuere y más allá de los asuntos de historicidad, y la discusión académica, la etimología del nombre de Zərûy Bāvel -en hebreo, זְרוּי בָּבֶל‎- significaría, “el expulsado de Babilonia”.


Como es sabido Babel no es sino confusión, por lo tanto, Zorobabel, de entre los escombros del Templo reconstruyó la ciudad.


Así las cosas, una de las grandes enseñanzas de los masones operativos mexicanos, los antiguos “calchihuqui y calchehuani” es que ante los avatares de las fuerzas de la naturaleza era menester re—edificar periódicamente sobre los cimientos antiguos, sólo de esa manera fue posible “ganar tierra a las aguas”.


No podemos soslayar que es una cuenca y no un valle el que acoge la grandiosa ciudad de México, había cinco grandes lagos: Texcoco, Chalco, Xochimilco, Zumpango y Xaltocan, que se alimentaban de otros menores situados a mayor altura: San Cristóbal, México, Acolman, Cuautitlán y la laguna de Coyotepec, además de varios ríos. 


A su vera se establecieron alrededor de 40 ciudades, la más audaz, es nada menos que México-Tenochtitlan, que se fundó en medio de los cinco lagos principales y llegó a dominar a todas las demás. Esta vasta red de agua, permitió el desarrollo de vías fluviales que comunicaban las distintas regiones, propiciando una rica vida comercial.


Esto por definición ha condicionado que el terreno no sea sólido, y por ende, el consabido hundimiento de la Ciudad; de ahí que los antiguos mexicanos, hicieran un ritual sagrado del arte de reconstruir la Ciudad, los hallazgos arqueológicos así lo confirman.


Para ellos era un arte que todo maestro masón debía dominar si es que en realidad aspiraba a la pericia exigida para el maestro; es por ello que el sabio Netzahualcóyotl y varios con él se hicieron diestros en las artes constructivas, se ha soslayado que el propio Moctezuma nos legó importantes edificaciones poco antes de ser asesinado por Cortés.


Bajo esa férula, y visto que la auténtica masonería está destinada ex officio a cumplir el derrotero establecido por los antiguos maestros del Arte Real, es el momento propicio para reflexionar y esgrimir las enseñanzas de los protectores del linaje humano.


De todo esto y lo que haya de sobrevenir, debe rescatarse la enseñanza y la verdadera solidaridad, que no es por cierto la indigna subcultura ni la cursi melopea mostradas por ciertos medios de comunicación, ni la praxis de los habituales demagogos que hacen de la tragedia un producto más de la sociedad de consumo.


No necesitamos reallity show, es la gestión del ciudadano común, el que vive a diario con su pueblo la única y efectiva vía para recuperar la grandeza de nuestra ciudad.


En este asunto, y esto debe decirse, están sobradamente rebasados los partidos políticos, los detentadores de los monopolios y los proverbiales demagogos.


Por el contrario, la Masonería nos ha enseñado en no ser el mero “hombre masa” sino que debemos fortalecer a la auténtica sociedad civil, que no es por cierto la de ciertos mesías que medran con el infortunio.


La realidad demuestra que no necesitamos interlocutores, ni personeros y que si la Masonería, la auténtica nos ha legado sus enseñanzas, debemos reconstruir nuestra ciudad en términos de recuperar no sólo la moral, sino la grandeza de los fundadores de México-Tenochtitlan (grandeza que inicia con la fortaleza de espíritu).


Termino esto con una reflexión, se dice que el Tirano Maxtla, asignó a los antiguos mexicanos (que desde ese momento se convirtieron en Mexicas –los habitantes de la tierra media) un lugar miserable plagado de alimañas y en especial de víboras a efecto de deshacerse de ellos.


Tiempo después se dice que Maxtla preguntaba a sus asesores ¿las víboras dieron cuenta de estos?


Ante respondieron al tirano “los mexicanos son invencibles: ¡ellos se comieron a las víboras!”.


Es por eso que el Totem de nuestra Ciudad es el Águila, la única que puede ver la luz del sol, la encarnación de Huitzilopochtli.


Estoy cierto que los maestros masones habrán de reconocer en ello la más profunda sabiduría, y así mismo, habrá de darse la respuesta que nuestro pueblo necesita.


Salud a todos.

Fuente original: La Academia de Historia de la Francmasonería